EL PONTE FREIXO:
De todos los puentes romanos de la Gallaecia el Ponte Freixo ha
sido el último en ser reconocido como tal, en los años setenta. Desde
esa fecha comienzan a elaborarse artículos de prensa e informes técnicos
y arqueológicos que, aparte de ponderar la importancia del monumento,
denuncian su mal estado de conservación y amenaza de ruina. Por
su importancia histórica, monumental, arqueológica y constructiva y por
ser el único puente de Galicia, junto con el Bibei, que conserva casi
toda su fábrica original, se incluyó en el Inventario de Pontes Históricas
de Galicia de l985, y las posteriores ediciones del libro que con el título
de "Pontes Históricas de Galicia" realizaron el Colegio de Ingenieros
de Caminos y la Xunta de Galicia, y cuyos autores son los ingenieros de
caminos Segundo Alvarado Blanco, Manuel Durán Fuentes y Carlos Nárdiz
Ortiz.
El Ponte Freixo permitía el cruce del río Arnoia de la vía que desde
Aquis Querquernis, mansión de la Vía Nova, se dirigía hacia
el norte a Lucus Augusti, por Ourense. Sobre esta cuestión todavía
hay otros autores que opinan que daba servicio a un ramal secundario con
dirección a Ribadavia y no a la vía mencionada, la cual cruzaba el Arnoia
por otro puente más arriba (aproximadamente donde se halla el puente de
Pontefechas).
En cuanto a sus referencias históricas son escasas. La más antigua, en
torno al año 1000, procede del Tumbo de Celanova y su lectura es objeto
de polémica, ya que el mismo documento ha sido leído de modo muy diferente,
pues en un caso que el texto se ha leído "ponte pedriña", y
en el otro "a fonte pedrina". También de él da noticias, en
1845, Pascual Madoz, y aporta la longitud de 120 pasos y el ancho de 4
varas, "... con pretil de piedra de antigua construcción y en buen
estado".

Está ejecutado en opus cuadratum, con sillares de granito, compuesto
de forma simétrica, con cuatro bóvedas de medio punto, que de margen derecha
a margen izquierda tienen las siguientes luces: 4,73 m., 7,78 m., 7,70
m. y 4, 74 m. La cimentación está ejecutada sobre el suelo rocoso duro
de tipo pizarroso que aflora en este tramo de río, que apenas desbastaron
y sobre el que apoya directamente la sillería de las pilas y los estribos.
Las pilas no son muy esbeltas y poseen tajamares de planta triangular
del lado aguas arriba, mientras que aguas abajo sus paramentos están en
el mismo plano que los arcos. Sus espesores, también de derecha a izquierda,
son 2,83 m., 3,62 m. y 2,80 m. En los tajamares se emplearon grapas en
forma de cola de milano, de 14 cm. de longitud, 6 cm de profundidad y
8,5-16 de anchura (variable), que pudieron ser de madera, igual a los
del puente de Alcántara. .
Los muros de acompañamiento de los estribos antes de las obras de restauración
eran de mampostería de mala calidad. Los estribos estaban formadas por
un cuerpo de sillería con sillares de 3x1x1 pies romanos dispuestos
en hiladas alternas a soga y tizón.
La rasante de la plataforma es horizontal y su anchura es de 4,60 m.
Las roscas de las bóvedas tienen un espesor constante, que varia de un
arco a otro: el del arco menor derecho tiene 54 cm., y 70 cm. en resto.
En el interior de las bóvedas hay los mechinales de apoyo de las cimbras,
que en los arcos 2º, 3º y 4º están a la altura del arranque mientras que
los del arco 1º (el izquierdo) están a la altura de riñones.

La fábrica del puente es de sillería almohadillada, realizada de dos
modos constructivos diferentes: en los estribos y en el pilar central
emplearon un tipo de sillar muy uniforme de 1x1x3 pies de medida media,
dispuestos a soga y tizón en hiladas alternas; en las pilas intermedias
los sillares utilizados son más irregulares, de mayor tamaño, y sin una
disposición determinada. Una posible explicación a este hecho quizá se
deba a que en el primer caso el relleno interior es de material terroso-granular
mientras que en el segundo se trata de pilas macizas de sillería. No se
observan huellas, en forma de agujeros realizados en las caras externas
de los sillares, que faciliten el uso de los ferri forcipes de
izado. Sí, en cambio, hay agujeros para facilitar el uso y manejo de la
palanca, situados más o menos centrados en el borde superior de
los sillares que permiten el calce y su colocación definitiva.
Hemos realizado un tanteo sobre el posible valor métrico del pie, como
unidad de medida empleada en su dimensionamiento. Nos animaba a ello la
disposición formal simétrica, fruto de un diseño previo en el que podía
haber sido empleada una determinada unidad de medida, que inicialmente
pensamos en el pie por ser muy empleada, cuyo valor aceptado está en torno
a los 30 cm. Según este valor los arcos extremos medían 16 pies, los del
medio 26, la anchura era de 16 pies y los espesores de las pilas,
de 9,5 pies las extremas y 12,5 pies la central. De acuerdo con estas
consideraciones obtuvimos para el Ponte Freixo los siguientes valores
métricos del pie :
Arcos extremos ........................ 0,296 m.
Arcos centrales ........................ 0,298 m.
Espesor pilas extremas............. 0,296 m.
Espesor pila central .................. 0,290 m.
Ancho de bóvedas .................... 0,287 m.
Valores que no se separan excesivamente del admitido por Lugli (Lugli,
1957, Tomo l, pag. 189) de 0,2957 m. Estas diferencias de milímetros -
la mayor de 9 mm. - en una obra grande que lleva siglos construida, en
un medio tan hostil como es el cauce de un río, son despreciables y por
tanto podemos asegurar que fue esa la medida empleada en el Ponte Freixo
con un valor de 0,296 metros.
Las obras de restauración de 1989 en el Ponte Freixo:
En junio de l988 los ingenieros de caminos Segundo Alvarado Blanco, Manuel
Durán Fuentes y Carlos Nárdiz Ortiz, recibimos el encargo de la Dirección
Xeral do Patrimonio Histórico de la Xunta de Galicia, de redactar el proyecto
de consolidación y restauración del Ponte Freixo. Las obras fueron licitadas
y ejecutadas en el período octubre de 1988-junio 1989, que posteriormente
describiré someramente.
Las especiales circunstancias y singularidades que reunía el Ponte Freixo
imponían, ante cualquier intervención restauradora, un condicionante de
respeto, que debía extenderse no sólo al aspecto exterior de la obra sino
también, si era posible, al funcionamiento estructural de la misma.
Así nos lo planteamos en el momento de abordar el proyecto.
La consideración histórica de la importancia del puente, y la existencia
de otro de carretera moderno unos metros aguas abajo, que le sustituyó
en el paso, planteaban también la duda de si la obra antigua, al estar
prácticamente inutilizada, debía ser tratada únicamente como ruina, limitando
la actuación a la consolidación de sus fábricas, o por el contrario, debíamos
de intentar encontrar un uso para la misma que justificase la reconstrucción
de la calzada y, tal vez, de los pretiles que desde tiempo inmemorial
había perdido.
La posibilidad de rehabilitar el puente para uso peatonal y las magníficas
condiciones de su entorno como lugar de esparcimiento nos encaminaron
a optar por la segunda posibilidad. Siempre hemos creído que un
puente no nace como monumento - aunque lo sea - sino como obra útil, y
devolverle esa utilidad, aun cuando sea modesta, es algo que merece la
pena intentar siempre y que ayudará eficazmente a su conservación.
Por otra parte, el respeto debido a una obra histórica como ésta, nos
obligó a tomar postura frente al tratamiento de las fábricas. Se
decidió proyectar una actuación claramente diferenciadora en las partes
en que no se conservaba la obra original, mientras que en las más antiguas,
o en las procedentes de intervenciones históricas dignas de respeto, se
optó por mantener en todo los sillares primitivos, pero desmontándolos
y montándolos de nuevo para corregir los numerosos desplomes y grietas
que la fábrica presentaba.
Los daños más aparentes que mostraba la obra eran los siguientes:

- Ruina del tajamar central y de su tímpano, con caída parcial de la
boquilla del segundo arco, precariamente contenida por una reparación
de urgencia hecha con hormigón en l984.
- Árboles (fresnos) de grandes proporciones enraizados en la pila central
y en el tajamar de la tercera pila, que habían provocado grandes grietas
y desplazamiento de sillares de las fábricas, ya a nivel de cimentación
- Sillares perdidos en la cimentación.
- Inestabilidad de los estribos de mampostería, no originales y de muy
mala calidad, producto de antiguas y malas reconstrucciones.
- Grietas en las bóvedas y desplomes en los paramentos y boquillas.
Comenzaron las obras en octubre de l988. Era un año de pocas lluvias,
y el exiguo caudal del Arnoia facilitaba la construcción de la ataguía
provisional y dejar en seco las pilas 2ª y 3ª, y el estribo de la margen
derecha al que estaba adosado el canal que, procedente de una presa inmediata,
alimentaba a un molino situado aguas abajo del puente. Agotado el
recinto se comprobó que toda la fábrica apoyaba en una roca esquistosa
bastante dura que manifestaba la buena elección del sitio. Pero esta roca
no se había rebajado ni cajeado para lograr un buen contacto, sino que
los huecos dejados entre cimiento y sillares se habían simplemente rellenado
con ripios. La mala calidad del granito de algunos sillares y la moderada
dureza del esquisto de base facilitaron a lo largo de los años el trabajo
erosivo de las aguas, que llegaron a desgastar algún sillar hasta casi
la mitad de su volumen, dejando grandes huecos que propiciaron el total
desprendimiento de algunas piezas y la ruina parcial de las pilas.
Sorprendía el descuido con que los constructores del puente hicieron
esta cimentación sobre todo si la comparamos con el esmero empleado en
el rebaje y cajeo de la roca natural en otros puentes romanos próximos
como Bibei, Cigarrosa o Navea.

Era evidente también que, a lo largo de la historia, nunca hasta entonces
se había hecho un trabajo de recalce de la cimentación, sino tan sólo
una mala reparación de la fábrica de la 2ª pila. La primera conclusión
que se desprende de esto es que quizá se trata de un puente levantado
con apresuramiento, o quizá construido con ciertas limitaciones económicas,
o que - y esto es lo más probable, que no le diesen importancia a ese
detalle constructivo, pues lo hemos apreciado en bastantes obras de época
romana (p.e. puente de Segura o el puente-acueducto de Segovia)
y que no ha dejado de sorprendernos.
En la tercera pila, una vez repuestos unos sillares desprendidos de la
cimentación y corregido el desplome de la fábrica de la arista de aguas
abajo, se realizó un cajeado por debajo del nivel del cauce y en derredor
del contacto con la roca, y se rellenó de hormigón armado haciendo un
zuncho que sujetaba perfectamente la primera hilada de sillares y protegía
la junta de la socavación. Este zuncho, al quedar cubierto luego
por los acarreos del río y bajo el agua, no es en absoluto visible.
En la segunda pila el daño era mucho más grave, porque un gran fresno,
al enraizar en el paramento de aguas abajo, había ocasionado una grieta
de más de 20 cm. de ancho. La totalidad del tajamar y parte de la
fábrica de aguas arriba de esta pila corresponden a una reparación antigua,
cuya fábrica se decidió respetar. Una vez cimbrados los tres arcos
de este lado, se procedió a desmontar la esquina de aguas abajo de esta
pila, haciendo un apeo de la misma desde el salmer del arco, a base de
montar un zuncho metálico y transmitir los esfuerzos directamente al terreno
con jabalcones. Previamente se había ido excavando y retirando el relleno
de tímpanos, y a continuación se volvió a montar la fábrica, rematándose
la intervención en cimentación con un recalce y zuncho análogo al anterior.
En la limpieza del fondo del cauce realizada en el interior y exterior
del recinto aparecieron varios sillares romanos almohadillados con sus
rebajes en forma de cola de milano para las grapas de unión, que fueron
repuestos a su lugar de procedencia en el desmoronado tajamar de la pila
3ª. Se encontró también una pieza moldurada en forma de gola
o cima recta (los canteros gallegos la llaman "peito de pombo"es
decir pecho de palomo), que podría ser parte de la primitiva imposta del
puente.
Del mismo o mayor interés, si cabe, es otra pieza, hallada al retirar
el relleno de tierra compactada y piedras existente entre los tímpanos.
Se trata de un fragmento de columna honorífica romana de granito o miliario,
de 25 cm de diámetro por otros tantos de altura, y con parte de una inscripción
de época tardía de la que se identifican las letras ...PHAIORISEM...A.U(?),
que podría corresponder al final de una de las fórmulas características
de dedicatorias del Bajo Imperio, tal como ...(TRIUM)PHATORI SEM(PER)
A(UG)U(STO).

El desmontaje parcial de las pilas 2ª y 3ª y el vaciado de los rellenos
de tímpanos permitió descubrir uno de los aspectos constructivos más interesantes
del puente, y del cual ya hemos tratado. En efecto el sillar tipo
utilizado en las pilas 1ª y 3ª es de mayores dimensiones que el de la
pila 2ª o central, ya que los primeros tienen del orden de 1 1/2 pies
en sus dimensiones menores (espesor, y altura de hilada) mientras que
los segundos son más regulares en general, y responden a un esquema de
1 x 1 x 3 pies. Así, en el aparejo de soga y tizón en hiladas alternas
tres sillares colocados a soga en una hilada, dan el ancho del sillar
a tizón de la siguiente. Pero además, se pudo comprobar que la 3ª
pila ( de ancho menor que la 2ª), es un completo macizado de sillares
grandes, pero no así la 2ª ó central, que está construida como un cajón
de paredes de sillería (con espesor de 3 pies, o próximamente 1 metro)
y un relleno de tierras y piedras seleccionadas y compactadas, igual al
utilizado entre tímpanos. La sección de esta pila por el eje del
puente, nos da, por tanto, dos muros de alrededor de 1 metro de espesor,
y un núcleo o relleno de otros 2 metros aproximadamente. Este relleno
ayuda a explicar la facilidad con que el fresno se había introducido en
su interior, labor facilitada por la total ausencia de un conglomerante
(cal), que no existe en muchos kilómetros a la redonda.

Interesante es también reseñar otra singularidad constructiva sobre la
que ya hemos escrito, y es el detalle que las bóvedas, desde el riñón
hasta el salmer, estaban reforzadas con un escalonado de sillares, de
espesor creciente hasta el remate de la pila, lo que demuestra un buen
conocimiento intuitivo del comportamiento mecánico del arco de medio punto.

Aunque el tajamar central estaba reconstruido totalmente, en una intervención
histórica en la que se utilizaron los mismos sillares romanos dados la
vuelta (dejando vistas las caras en contacto, que eran las más finamente
labradas, y hacia el interior el almohadillado simple original), no fue
difícil reconstruir su remate, que era en meseta plana y sin sombrerete.
Esta disposición se deduce del estudio de los tajamares 1º y 3º, y es
igual a la utilizada, por ejemplo, en Ponte Bibei.
Rematada en lo fundamental la obra por este lado, se repitió la operación
por la margen izquierda, retirando primero la ataguía, y construyendo
otra para dejar en seco la 1ª pila y el estribo del mismo lado.
La cimentación de esta pila también en roca, pero a profundidad algo mayor,
fue tratada de la misma forma que las anteriores, y hubo que reponer,
asimismo, sillares perdidos en la 1ª hilada.
Un problema especial lo constituían los muros de acompañamiento del estribo
que, realizados con una mampostería en seco de gran irregularidad y ejecución
deficiente, consecuencia de alguna reconstrucción del mismo, presentaban
desmoronamientos parciales y amenazaban con arruinarse por completo. El
Ponte Freixo, como el Ponte do Arquinho es un ejemplo de puente que queda
sumergido durante ciertas fuertes crecidas y que, como consecuencia de
su fuerza arrolladora, los estribos son desmoronados por ser un elemento
compositivo que ofrece mucha resistencia a las aguas. Su mala calidad
constructiva motivo que fueran desmontados totalmente, pudiendo apreciarse,
sobre todo en la margen izquierda, que no se habían apoyado en roca, sino
muy superficialmente y sobre terreno blando.
Si los muros originales también eran de mampostería y no de sillería
quizá no lo sepamos nunca aunque cabe dentro de lo posible, pues existen
en el mundo romano, obras realizadas con este esquema; entre ellas recordamos
el acueducto de C. Sextilius Pollio, en Éfeso, en el que la sillería de
la obra principal contrasta con la mampostería o sillarejo de los muros
de acceso.
Con el fin de no introducir varias fábricas distintas, decidimos reconstruir
estos muros en sillería recta, perfectamente diferenciada de la fábrica
original romana, e igual a la utilizada en la reposición de elementos
perdidos en los tímpanos y tajamares, tratando de dar así un carácter
unitario a toda nuestra intervención, e intentando además destacar, con
todo ello, la fuerza del almohadillado auténticamente romano.

Los tramos de acceso se reconstruyeron con una rasante horizontal, que
es la que probablemente tuvieron en su origen, y para la calzada se extendió
simplemente una capa de grava, que deja visto en parte el interesante
aspecto del trasdós de las bóvedas. El relleno de tímpanos se selló,
previamente a la extensión de la grava, con una ligerísima capa de hormigón,
con el fin de evitar la infiltración de las aguas de lluvia.

Para destacar la provisionalidad de la obra realizada que quedaba pendiente
de su remate a la espera de nuevas inversiones, se instaló un pretil
de madera de diseño muy simple y que puede ser fácilmente desmontado si
algún día se decide sustituirlo por otro de piedra, con nueva imposta
y calzada.

EL PONTE BIBEI:
Está incluido en el libro "Puentes históricos de Galicia",
editado por la Xunta de Galicia y el Colegio de Ingenieros de Caminos,
siendo sus autores los ingenieros de caminos Segundo Alvarado Blanco,
Manuel Durán Fuentes y Carlos Nárdiz Ortiz.
Este es uno de los puentes romanos mejor conservados de Hispania
y quizá a ello haya contribuido el hecho de que nunca ha perdido su función
de obra útil sobre la cual la vía nº 18 primero, los diferentes
caminos que la sustituyeron a través de los siglos y, desde el siglo pasado,
la carretera N-120 (actual C.536) tuvieron continuidad al salvar, gracias
a él, las aguas del río Bibei, del que ha tomado el nombre. Es un
puente diseñado a cierta altura (unos 24 metros) sobre el agua - uno de
los más altos de Hispania - que la aleja de la calzada y le permite
desaguar fácilmente las fuertes avenidas que puedan bajar por el estrecho
valle.
Se construyó para el paso sobre el río Bibei de la vía 18 del Itinerario
de Antonino, la Via Nova, que, como hemos mencionado, se terminó
en el año 80 d.C. La fecha precisa de su construcción la desconocemos,
aunque la opinión más extendida es que se erigió en tiempos de Trajano
(114-119 d.C.) y que se trataría de una reconstrucción a fundamentis
en el lugar de un puente anterior, del que nada ha quedado. El lugar de
ubicación es idóneo pues no sólo aflora la roca sobre la que se cimentó
el puente, sino que evita el cruce de dos ríos, el Xares y San Lázaro,
puesto que se halla aguas abajo de sus desembocaduras en el Bibei.
Por el puente pasaron los viajeros Licenciado Molina (1550) y Ambrosio
de Morales (1570) que nos aportan datos sobre el camino, del que ponderan
los extraordinarios trabajos de desmonte que hicieron en la "peña
biva" para la explanación de la vía, y del puente. Posteriormente
otros autores, como Ceán Bermúdez, alabaron el puente y el camino
La construcción de las modernas carreteras, iniciada en la segunda
mitad del siglo XIX por todo el país y que transformaron la antigua red
de caminos reales, le afectó de lleno pues quedó incluido en el nuevo
trazado de la carretera de segundo orden de Ponferrada a Ourense (Real
Orden de 15 de diciembre de 1852), al apoyarse parte de su trazado en
los famosos Codos de Larouco.
Está bien cimentado sobre el afloramiento esquistoso que aflora en este
punto del río, tiene una calzada con rasante horizontal, sobre una estructura
de sillería granítica almohadillada, de tres arcos de medio punto de 6,05,
18,60 y 8,70 metros de luz (en pies romanos 20-62-29) de izquierda a derecha.
Los arcos son tangentes a la cornisa por lo que los salmeres están a distinta
altura. El espesor de las roscas es de 80 cm en los arcos pequeños y de
90 cm. en el mayor. La cornisa actual, formada por el voladizo de un hilada
de sillares a soga, es moderna.

Reúne en su fábrica algunas de las características de los puentes romanos
: es un puente ancho, 6,30 metros, tiene hiladas alternas de sillares
a soga y tizón y está realizado con sillería almohadillada. En su fábrica
no se observan agujeros para los ferri forcipes. En cambio sí se
ven los agujeros de palanca situados, más o menos centrados, en el borde
superior de los sillares, que permiten colocar los sillares en su posición
definitiva.

Las dos pilas son de planta rectangular, y sus espesores son ligeramente
distintos : 4,45 m la de la izquierda y 4,12 m. la de la derecha (vistas
desde aguas arriba). Tienen tajamares apuntados de planta triangular del
lado aguas arriba. Actualmente están coronados a distinta altura con sombreretes
modernos.

El puente conserva en ambas orillas unos muros de encauzamiento, también
sillería de granito recta y escuadrada, opus cvadratum, en el lado
aguas arriba únicamente, quizá por que solo se construyó originalmente
de este lado. Sus longitudes hoy visibles son de 9,00 metros, el de la
margen izquierda y de 17 metros el de la derecha, con más de 5,00 m. de
altura.

Dentro del apartado de detalles podemos destacar algunos de ellos. Los
apoyos de cimbras y andamios se apoyaban o bien en tacos (sillares que
sobresalen de los paramentos y del intradós de las bóvedas) o en mechinales.
Alojaban en su interior las vigas de madera o almojayas que servían de
apoyo a las mencionadas cimbras y andamios auxiliares de la construcción.
También son dignos de destacar un par de marcas de cantero muy claras
- muy escasas en los puentes romanos - en sendos sillares, que representan
los numerales X y CX, y otra menos nítida que representa el numeral CXl
en un sillar encima del que posee la marca anterior. Hay un falo en el
intradós del arco mayor de carácter profiláctico, que, según Lugli es
frecuente hallarla en relieve pero no inciso.
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