
IDENTIFICACIÓN DE PUENTES ROMANOS EN HISPANIA
Publicado en la Revista Obra Pública Ingeniería y Territorio
nº 57
Monográfico Ingeniería e Historia III
Colegio de Ingenieros de Caminos Canales y Puertos
Diciembre de 2001
TRAIANVS © 2002
Los puentes históricos son realizaciones de la ingeniería civil por las
que se siente un gran interés, en ocasiones por su monumentalidad, por su
propia belleza y la de su entorno, por su carácter histórico o simbólico,
por el acierto constructivo o por profundas sensaciones que invaden nuestro
ánimo y que se hallan acumuladas en nuestro subconsciente, quizá
transmitidas por nuestros antepasados. Las experiencias que tuvieron, en
general, con este tipo de obras siempre han sido muy gratificantes ya que
les alejaba de las temibles y en ocasiones enfurecidas aguas de los ríos que
precisaban cruzar en aquellos tiempos en los que "estar en camino" era casi
siempre duro y peligroso. Durante muchos siglos los caminantes no sólo
pagaban los peajes o portazgos - algunas veces no de muy buen grado por los
abusos de los señoríos laicos o eclesiásticos que ejercían el dominio sobre
la obra - sino que al final de sus vidas legaban a la fábrica del puente
todo tipo de bienes, ya que tenía su propia personalidad jurídica. Estas
herencias, muy frecuentes en los siglos XII y XIII, aparecen reflejadas en
abundantes mandas testamentarias medievales, con el fin de asegurar el
mantenimiento de la obra y su reparo si hubiera ocasión.
A pesar de esto, este antiguo y notorio interés no se ha visto reflejado
en la abundancia de tratados específicos y más modernamente en estudios
dedicados a los puentes históricos. Sólo en los últimos años se pueden
encontrar trabajos sobre estas obras, concretamente algunos inventarios y
algún valioso estudio sobre puentes o un puente en concreto. En ellos se
recoge, básicamente, su historia y las características formales y
dimensionales, pero sin incidir en otros aspectos de la fábrica y su
construcción que exigen "hacer hablar al puente", con una amplia toma de
datos y el análisis material, formal y constructivo de la obra.
Quizá esto se deba a que, hasta hace poco tiempo, los puentes no tuvieron
interés para los historiadores por ellos mismos, sino sólo porque eran
puntos de obligado paso de la red viaria antigua. Con sólo que pareciese
viejo se le daba la antigüedad que conviniese pues eran la confirmación del
paso por el lugar del camino o vía estudiada. De esta cuestión surgió la
frase, que todavía se lee con asiduidad y que tanta confusión ha producido,
de: "Se trata de un puente antiguo con fundamentos romanos", que ha bastado
para poner la etiqueta de romano a muchos puentes peninsulares más o menos
antiguos.
Abundando más en la cuestión, los puentes, independientemente de su
estado de conservación, son obras en las que no se pueden emplear los
métodos habituales del trabajo arqueológico, pues al ser por un lado
estructuras de ingeniería - que serían objeto de tratamiento por estos
técnicos - y por otro formar parte del Patrimonio Histórico,
mayoritariamente dentro del ámbito de los historiadores, arqueólogos,
especialistas en arte, etc., ha alejado su estudio del ámbito de los
historiadores y provocado su inclusión en una parcela de la historiografía
de la que nadie se siente responsable. Hay otras causas que facilitaron este
abandono como son el desconocimiento del funcionamiento de las estructuras
arqueadas de fábrica de los puentes antiguos y de su funcionamiento
hidráulico, que colocó a estas construcciones en una situación que no
tuvieron el resto de las obras arquitectónicas, y la falta de aprecio
que las tradicionales Bellas Artes han sentido históricamente por las obras
utilitarias en general, que ha ignorado el arte del ingeniero civil, sobre
todo a lo largo de los dos últimos siglos, pues sus creaciones se
consideraron muy uniformes y faltas de creatividad.
Los puentes romanos de Hispania
Concretándonos ya en el tema que nos ocupa, hay que destacar, en primer
lugar, que es muy escasa la documentación de la época que trata sobre la
construcción de puentes romanos, salvo la que Julio Cesar nos ha legado en
su obra "Comentarios de la guerra de Las Galias" sobre los puentes de madera
construidos en el Rhin y escasas menciones sobre algunos puentes en obras de
Plutarco, Dionisio de Halicarnaso, Tito Livio, Plinio y otros autores
clásicos. Creo que únicamente el estudio exhaustivo de las propias obras, de
su entorno y su implicación territorial con la red viaria romana, permitirá
avanzar en su conocimiento. Por esta creencia y con objeto de profundizar en
este tema, elaboré mi tesis doctoral sobre los puentes romanos de
Hispania, trabajo que he leído y defendido recientemente en la Escuela
de Ingenieros de Caminos de la Universidad de A Coruña [1].
Los puentes de Hispania se incluyen en las construcciones que los
ingenieros romanos realizaron durante cinco o seis siglos, desde el primer
puente de piedra construido en Roma, el Pons Aemilius (181-179 a.C.)
hasta las últimas obras tardo-imperiales, todos con una gran uniformidad
constructiva, como puede verse en los puentes conservados, a lo largo de los
territorios conquistados desde Siria a los Finisterres atlánticos y desde
las frías tierras de Germania a los áridos desiertos del norte de
África. En este tipo de construcción, muy uniforme en cuanto a su tipología
y sistemas constructivos según la opinión compartida por muchos estudiosos
como Raymond Chevallier, no influyeron decisivamente las técnicas
locales sobre todo en las grandes obras, aunque sí lo podría haber hecho en
obras de menor rango como pontones y alcantarillas y en aquellas zonas que
ya poseían un amplio desarrollo técnico-constructivo como Grecia o el
Próximo Oriente antes de la llegada de los romanos. En zonas periféricas
donde el arco, como artificio constructivo, no era conocido, fue menos
posible la aportación indígena, salvo en épocas posteriores a la conquista
ya en plena romanización.
Son obras reconocidas por su solidez y firmeza (firmitas) que
dieron pie a que posteriormente se identificase cualquier obra bien realizada
como "obra de romanos", llevadas a cabo por profesionales generalmente
encuadrados en el ejército romano, con el oficio bien asentado, una precisa
normativa y una gran experiencia acumulada, construidos con magnificencia
para la eternidad como expresó claramente el constructor del puente de
Alcántara, Caius Iulius Lacer, obra destinada "... a durar
por siempre en los siglos del mundo...". En ocasiones se puede apreciar
la idoneidad del diseño frente a algo tan desconocido como era el conocer
de antemano el nivel que podría alcanzar una gran avenida, perceptible
en el Ponte Bibei
y el puente de Alcántara, construidos con unos tamaños aparentemente
sobredimensionados pero que les permites canalizar bajo sus arcos las
grandes avenidas del Tajo y del Bibei, respectivamente, desde hace muchos
siglos [2].

También se pueden comprobar los buenos conocimientos que poseían sobre
el funcionamiento de los arcos y su estabilidad, al ver los refuerzos
interiores de las bóvedas que se han visto en el Ponte Freixo, el puente
de Ponte de Lima y el Pons Cestius en Roma, y los que les permitían
realizar precisas nivelaciones en sus ejecuciones con sencillos aparatos,
apreciadas en algunos puentes como el Ponte Velho de Vila Formosa en Portugal,
en el cual los centros de los perfectos semicírculos que forman las aristas
del intradós de las boquillas de sus seis bóvedas, de unos 9,00 m de luz,
todavía están prácticamente a la misma cota después de dieciocho o diecinueve
siglos de existencia y de múltiples vicisitudes, pues cuatro de ellos
coinciden con diferencia de milímetros y la máxima disparidad es de 11
cm.
La desaparición de muchos puentes romanos se debe más a la mano del hombre
y a la acción de las avenidas que al fallo estructural. La eficacia de
sus diseños la podemos explicar a partir de los principios de la ciencia
de Resistencia de Materiales. Ya sabemos que desde antiguo y hasta épocas
recientes, la falta del cálculo matemático se suplía haciendo modelos
o bien variando la escala de alguna obra anterior de cuya estructura
se conocía su buen funcionamiento. La ejecución de modelos a escala más
pequeña puede llevar a peligrosos equívocos si se quiere conocer la respuesta
resistente de la estructura ya que el peso crece con el cubo de sus dimensiones
mientras que las secciones que soportan las cargas crecen con el cuadrado
(es la conocida "ley del cuadrado-cubo", enunciada por Galileo).
Por fortuna para los ingenieros romanos esta ley se puede despreciar en
las estructuras donde la fábrica no rompe por compresión, como en los
puentes de piedra o ladrillo, ya que las tensiones son tan pequeñas que
permiten aumentar significativamente las escalas de estas obras a pesar
de que se marcaron un límite máximo de la luz de los arcos en torno a
los 35 m, que alcanzaron en muy pocos puentes como el de San Martín de
Aosta, el de Augusto en Narni y muy posiblemente en el arco central
del puente primitivo de Ourense.

El verdadero talón de Aquiles de los puentes de fábrica es la estabilidad.
Problemas de identificación y datación de los puentes romanos
El primer problema que se presenta en el estudio de estos puentes es
su identificación, pues, desgraciadamente, se ha aplicado la categoría
de "romano" a muchos puentes cuyo único e indudable mérito es
el poseer bóvedas de piedra de una antigüedad imprecisa y ser así llamado
por las gentes del lugar. Esta cuestión ha motivado que haya una inflación
de puentes "romanos" en el territorio de la antigua Hispania,
que ha sido recogida en la muchas publicaciones meritorias, por ejemplo
en la monumental obra "l Ponti Romani" de V. Galliazzo en la
que incluyó un número importante de puentes (141 sólo para España recogidas
de una bibliografía diversa) que desde mi modesta opinión, muchos de ellos
no fueron construidos en época romana y por tanto no deben ser considerados
como tales. Y para su justificación no creemos acertado que se llame romano
a todo puente que se conserva allí donde, presumiblemente, existió otro
anterior de esa época. De acuerdo con esto la magnífica Ponte Vella de
Ourense, por ejemplo, no debe llamársele "ponte romana"
ya que la fábrica actual es fundamentalmente de los siglos XIII, XVII
y XIX, a pesar de que existen notorias evidencias de que en el mismo lugar
existió en época romana otro puente. Debe ser igual de inexacto que si
a una catedral de construcción gótica se le llame "románica"
por el hecho de estar sobre las ruinas de otra anterior de esta última
época.

Como elementos importantes para la identificación de los puentes romanos
debe citarse en primer lugar el tipo de material empleado en la
construcción, así como su labra y aparejo. Si la fábrica es de piedra
sillar, con labras típicas como el almohadillado, la finura y el ciudado de
sus juntas y determinadas formas de aparejar la sillería, la identificación
es menos problemática, mientras que el posible empleo de lajas sin labrar la
dificulta. Esto ha motivado que todavía no se haya identificado con
seguridad como romano ningún puente construido con este material en
Hispania, y que sin duda puede conservarse, con mayor probabilidad de
pequeñas dimensiones (¿podría serlo una pequeña alcantarilla cercana a
Astorga, la antigua Asturica Augusta?) y en zonas donde abunda este
tipo de material. Pudieron emplearse de forma combinada como se aprecia en
otras construcciones, la piedra sillar en los aristones y las lajas
pizarrosas en el interior de las bóvedas, por ejemplo en una de las puertas
de la muralla romana de Lugo, A Porta Miñá, que pasa por ser la única
original.
Quizá el empleo de ladrillo (later) permita identificar de un
modo más sistemático los puentes construidos con este material (opus
testaceum), por ser una pieza prefabricada y modulada según unos parámetros
típicos de aquella época. Una realización conocida es la Alcantarilla
de Mérida, de un arco construido con una pieza estándar de 29,6x44,5
cm (1x1,5 pies), igual al empleado en otros puentes imperiales tan alejados
como el de St Albans en Inglaterra.

Fueron empleados en la ejecución de la parte interior de la bóveda disponiendo
dos hiladas a soga en los tercios extremos y dos hiladas y media (dos
sogas y un tizón) en la central. Las boquillas se ejecutaron con dovelas
de piedra granítica. Por similitud constructiva y por el empleo de un
ladrillo también modulado en pies romanos (1x1/2) creemos haber identificado
como romana, la bóveda menor del puente Viejo de Campofrío sobre el río
Odiel en Huelva, del que trataremos más adelante.
Y si la identificación es problemática, la datación precisa lo es mucho
más, posiblemente para disgusto de algunos estudiosos para los cuales las
grandes obras públicas de Hispania, se deben al buen hacer de Augusto
o Trajano. A la falta de estudios histórico-estilísticos que permitan esta
datación, debe sumarse la uniformidad constructiva de este tipo de obras a
lo largo muchos siglos, que como ya hemos mencionado añade una dificultad
más. Es indudable que tendrá que abordarse este tema si queremos avanzar
para lo que se tendrá que contar con estudios desarrollados en el ámbito de
la reconocida y valorada Historia de la Construcción, donde intervienen
diversos profesionales - arqueólogos, arquitectos, historiadores,
ingenieros, etc. - con diferentes puntos de vista que permitirán avanzar en
el conocimiento de estas obras de ingeniería histórica.
Serán fundamentales en el futuro para la datación de estas obras, el
estudio de los indicadores o características estilístico-cronológicas y las
actuaciones arqueológicas que se puedan realizar en el propio puente y en su
entorno ya sea por este exclusivo motivo o con ocasión de obras de
reparación o rehabilitación que se puedan llevar a cabo. Un ejemplo de esto
último aconteció durante las obras de consolidación y reparación realizadas
en 1989 en el Ponte Freixo (Ourense), en las que la ejecución de
determinados trabajos arqueológicos en la fábrica del puente permitió hallar
diversos restos que han ayudado a la datación de la obra. Entre ellos
destacó un trozo de columna honorífica o miliario tardío que fue datado en
el siglo IV d. C. por la fórmula del texto y el tipo de letra. Es evidente
que esa fecha no tiene porque coincidir con la de la construcción del puente
y posiblemente así sea, ya que el relleno excavado pudo ser ejecutado en una
reparación posterior en la cual se aprovecharon materiales más antiguos,
pero desde luego es un avance importante pues aporta una fecha en la que el
puente estaba en uso.
Como vemos los hallazgos de restos datadles en el interior del puente en
general no proporcionan la datación exacta de la obra ni tan siquiera pueden
facilitarla y en algunos casos incluso tampoco la simple identificación.
Esto ha pasado con el puente del Connoto, cercano a Oviedo, en el que se
halló escondido un conjunto de monedas romanas que inmediatamente motivó el
que fuese considerado como romano. El resultado del análisis hipológico y
constructivo del puente nos permite asegurar que no es romano, por lo que el
citado tesorillo tuvo que ser ocultado en la fábrica del puente en una fecha
más o menos moderna.
Más seguro es el hallazgo de restos epigráficos concretos en el propio
puente o en su entorno, aunque tampoco es solución definitiva sin que exista
una correspondencia con los análisis formales y constructivos mencionados.
La relación vía romana-puente tampoco es garantía de que sean coetáneas,
ya que a pesar de conocerse la época de construcción de una vía (por ejemplo
la Vía Nova de Bracara a Asturica, la número 18 según
Saavedra del Itinerario de Antonino se sabe por varios miliarios que fue
terminada siendo emperadores Tito y Domiciano, en el año 80 d.C.), los
puentes de piedra conservados pueden ser una construcción posterior a
fundamentis en el mismo lugar donde hubo otro anterior (como pudo
sucederle al Ponte Bibei, previsiblemente construido unos años más tarde).
La sistematización constructiva de los puentes romanos
Como ya hemos dicho sólo el análisis y la sistematización de las fábricas
y el planteamiento cronológico de estilos y modos constructivos permitirá
avanzar en la identificación de estas obras, a pesar de que las técnicas
constructivas se mantuvieron a lo largo de muchos siglos pero
afortunadamente hay matices y disposiciones singulares no heredadas que
permiten diferenciar una fábrica romana de otra posterior. Para contribuir
en esta dirección hemos estudiado con cierto detenimiento y durante estos
últimos años, los treinta y dos puentes romanos de la antigua Hispania
(España y Portugal) que sin ninguna duda han conservados una parte más o
menos extensa de la fábrica original, desde uno prácticamente desaparecido
como es el puente de Aljucén (Cáceres) del que sólo se conservan sillares
esparcidos en el lugar donde estuvo construido, hasta otros magníficamente
conservados como la Ponte Velha de Vila Formosa (Portugal) o la Ponte Bibei
(Ourense). Se intentó realizar un preciso levantamiento topográfico de la
mayoría de estas obras que facilitó su análisis dimensional y la elaboración
de planos de planta y alzado de la mayoría de los puentes, se trató de
encontrar las posibles relaciones y proporciones entre sus dimensiones más
importantes (p.e. la antigua sección áurea griega se halló entre algunas
dimensiones del puente de Alcántara y el Ponte Freixo) así como la unidad de
medida empleada, tratando de sistematizar, en la medida de lo posible, la
tipología y construcción de los puentes romanos hispánicos. Nuestro intento
se vio parcialmente satisfecho por cuanto los procedimientos estadísticos
empleados exigían muestras más amplias, con obras de todas las épocas, para
que sus resultados pudiesen ser más significativos. Sin embargo las
conclusiones obtenidas permiten avanzar en la identificación de los puentes
romanos de Hispania, ya que su uniformidad formal y constructiva
los hacen, desde nuestra opinión, identificables con cierta seguridad.
Sin embargo, a pesar de lo dicho, hay puentes, como los que mencionamos
más adelante, que los conocimientos actuales no permitan dar una opinión
clara, rotunda y justificada, pero también es cierto que la experiencia
en la observación, estudio y análisis de las fábricas romanas permiten
avanzar una primera impresión que muchas veces se confirma con el paso
del tiempo. Esto nos ocurrió con el puente de Segura, citado como
romano por todos los profesionales que lo estudiaron, de lo que no hay
ninguna duda. Sin embargo a raíz de una visita realizada en marzo de 1996
para realizar la medición y estudio de este puente observamos distintas
fábricas marcadas por discontinuidades en la sillería, labras diferentes
y con distinto nivel de desgaste, pátinas de diferente color, marcas medievales
en algunas bóvedas, etc., que indicaban unas reconstrucciones importantes
posteriores, posiblemente medievales, en los tres arcos centrales y un
posible desplazamiento de una de sus pilas, que podrían haber modificado
la disposición original de época romana. Estas conclusiones fueron expuestas
en el Primer Congreso Nacional de Historia de la Construcción celebrado
en Madrid en septiembre de 1996 [3].

Posteriormente, en 1997 y 1998, se publicaron datos que confirmaron nuestras
observaciones y conclusiones, ya que se daba noticia de la reconstrucción
del puente a finales del siglo XVI realizada por maestros canteros portugueses,
después de haberse arruinado por una gran crecida [4].
Gracias al análisis de estos puentes hispánicos y otros conservados en el
sur de Francia e Italia, hemos detectado la existencia de ciertas constantes
constructivas y formales en un número variable de obras, que reunidas
inducen a pensar que, con cierta probabilidad, el puente que las contenga
puede ser romano. No pensamos que sea un procedimiento definitivo pero si
que puede suponer un avance en el complejo proceso de identificación de
estos puentes. Estas constantes constructivas se resumen en: Las puentes
romanos son anchos (de una muestra de 143 puentes, el 95% de ellos tiene un
ancho superior a 4,00 m y el 81 % de 5,00 m), con fábricas bien trabadas (p.e.
con el aparejo de hiladas alternas de piezas dispuestas a soga y tizón,
presente en el 67% de los puentes hispánicos y con grapas emplomadas,
metálicas y de madera, con forma de cola de milano, técnicas heredadas o
copiadas de los egipcios y griegos), sin signos lapidarios (son muy escasos
pues sólo se han observado en el Ponte Bibei y el puente del Diablo en
Martorell), con la plataforma horizontal o con ligero lomo de asno
(pendientes no mayores del 3%), de sillería almohadillada (en el 100% de los
32 puentes de Hispania estudiados), con una gran uniformidad de
alturas de dovelas en las boquillas (en el 95% de los que conservan esta
parte de su fábrica), con abundante presencia de agujeros en la sillería
para uso de las ferrei forcipes (en el 67 % de 21 puentes), con las
juntas entre sillares muy cuidadas y finas que permiten un buen contacto
entre ellos y una forma de aparejarlos muy cuidada y con mucho detalle. Los
arcos son, en su mayoría, de medio punto aunque no faltan ejemplos de
directriz rebajada ( puente de Alconetar, Ponte Pedriña en Ourense, y quizá
el puente de Ponte de Lima y A Cigarrosa en Ourense), y las pilas tienen en
su frente tajamares de planta triangular o semicircular (más escasos) y en
general no poseen espolones.
Es evidente que ninguna de estas características por si solas permiten
asegurar la romanidad de un puente, pero en conjunto la probabilidad de que
lo sea es grande. Por ejemplo la presencia de almohadillado en las dovelas
de algunos puentes no nos permite concluir que sea romano, pues este tipo de
acabado, que tan magistralmente y de modo tan característicos emplearon los
arquitectos y constructores romanos, también ha sido empleado posteriormente
(por ejemplo los reconstructores del siglo XVI del puente de Segura imitaron
el almohadillado original y es muy frecuente su presencia en muchos puentes
de ferrocarril del XIX y XX). Tampoco la presencia de agujeros de las
tenazas o pinzas de manejo y colocación (las citadas ferrei forcipes),
a pesar de su empleo frecuente en las sillerías romanas no es privativa de
esa época observándose también en fábricas medievales. Ni su anchura, pues
se conocen puentes medievales en el entorno de los 5 metros de anchura, pero
también hay que decir que los anchos superiores a 6,00 metros de numerosos
puentes hispánicos no se ven hasta los puentes de los caminos reales del
XVIII y las primeras carreteras del XIX (de los 32 puentes estudiados, 20 de
ellos tenían una anchura superior a los 6,00 m y 5 de ellos superior a
los 7,00 m).
La complicada tarea de identificación de algún puente
Es evidente que lo que a continuación se escribe está cargado de
subjetividad, aunque nos hemos esforzado en tratar de sustentar nuestras
opiniones no en sensaciones nacidas de la experiencia sino en datos
precisos. Es posible que no lo hallamos conseguido pero nos conformamos con
plantear nuestras dudas al respecto, pues sin duda, alguien con más datos y
mayor precisión podrá confirmarlas o rebatirlas, si se da el caso. Nuestras
opiniones y dudas al respecto varían según el puente, tal como se refleja en
los ejemplos que planteamos a continuación.
Uno de los primeros puentes que, a pesar de haberse incluido en los 32
puentes analizados, nos plantea dudas de la romanidad de su fábrica actual
es el puente de Villa del Río, por sus singularidades constructivas
y formales.

Ha sido considerado, desde antiguo, como un puente romano que perteneció
a la Via Augusta, entre Castulo y Corduba, muy cerca
de la mansión Epora citada en la vía 4 (según la numeración de
E.Saavedra) del Itinerario de Antonino. En su fábrica se aprecian numerosas
reconstrucciones, con materiales diversos, necesarias para mantenerlo
en servicio durante muchos siglos, ya que por él circuló el tráfico de
la carretera de Andalucía hasta 1934, año en el que con cargo al Plan
de Circuitos de Firmes Especiales, se construyó un nuevo puente unos 50
m aguas abajo, por el que se derivó el tránsito. Destruido este último
durante la Guerra Civil volvió el antiguo a entrar en servicio hasta 1965,
que es de nuevo sustituido por un nuevo puente.
La romanidad del puente se basa en la presencia de un notorio
almohadillado en la mayor parte de los arcos y tímpanos, la forma
semicircular de las bóvedas, la existencia de arquillos de desagüe en las
pilas y su relativo parecido tipológico con el puente italiano de Calamone
construido en la Via Flaminia. La presencia de almohadillado es algo
que apoya la tesis pero no la hace concluyente como ya hemos dicho. La
opinión contraria que apuntamos, la basamos en dos cuestiones: la existencia
del engatillado centrado de las dovelas de todos los arcos, artificio
constructivo conocido, quizá tardíamente, por los constructores romanos
(Mausoleo de Teodorico en Ravena y Teatro de Orange) y empleado
posteriormente por los alarifes árabes, que lo tomaron posiblemente de la
construcción bizantina (fortalezas de esta época del norte de África), en el
arco de una de las puertas de la muralla árabe de Carmona y de Tarifa y en
la bóveda central del puente de Pinos Puente en Granada por ejemplo, y la
extraña disposición constructiva de los dos arcos a cada lado de la central
(de mayor luz) que se apoyan en el dovelaje de los desaguaderos desplazados
dentro de la pila hacia los arcos menores, de tal modo que comparten dos
estrechos pilarcillos de 0,45 m. La primera singularidad apuntada nos parece
más un detalle constructivo de época musulmana que romana, aunque no podamos
asegurarlo, y la segunda nos da una sensación de fragilidad, de precario
equilibrio que no la hemos apreciado en ningún puente romano de la Península
sino todo lo contrario, ni tan siquiera en el puente Calamone citado. Esta
espléndida esbeltez y equilibrio nos recuerda más a las construcciones
árabes que apoyaban arcos de buen tamaño en delgadas columnas, como puede
verse, por ejemplo, en los palacios de la Alhambra y en la Mezquita de
Córdoba.
Este atrevimiento constructivo de estrechar el pilar a un valor muy
reducido que ante determinados supuestos pone en peligro la estabilidad del
puente no se ve en las obras de fábrica romanas, sino todo lo contrario,
pues tienen en general una composición que transmite al que las observa una
sensación de seguridad, de sosegado equilibrio y robustez.
Por supuesto estas razones no bastan para afirmar con seguridad que el
puente actual no es el original romano, pues no son concluyentes, ya que
pudo ser un diseño singular de un maestro local, o que sea simplemente el
único de un modelo que no ha llegado hasta nuestros días.
El puente de Los Pedroches muy próximo a la ciudad de Córdoba, también en
la antigua vía Augusta, nos plantea dudas similares, no sólo por el
engatillado de las dovelas de los arcos más antiguos sino por la disposición
y forma de las dovelas (altas y estrechas), muy parecidas a las del puente
califal de los Nogales en Córdoba.
Menores dudas con otras obras cuyas fábricas no nos parecen que son romanas,
a pesar de haber sido consideradas como tales por la mayoría de los estudiosos.
Entre otros muchos ejemplos señalamos los puentes de Luco de Jiloca en
la provincia de Zaragoza, el llamado puente Romano de Pollensa en Mallorca, el
puente romano de Córdoba, el puente de Mantible en la Rioja, el ya citado
puente del Colloto, el antiguo puente de Medellín, el puente de
Tordomar en Burgos, el puente de Coruña del Conde en Burgos, el
de Cihuri sobre el río Tirón en La Rioja, el puente de Guijo de Granadilla
en Cáceres, etc.

Ninguno de ellos reúne las características más significativas de los
puentes romanos hispánicos que hemos mencionado, e incluso alguno, como
el de Luco o el de Tordomar, posee marcas medievales en sus bóvedas.
El puente llamado de Nestár cercano a la localidad palentina de Aguilar
de Campoo, no nos parece tampoco romano a pesar la antigüedad manifiesta
de su fábrica, ausencia de marcas lapidarias y del hecho de coincidir
la luz de sus cinco arcos (3,60 m) con su anchura, circunstancia que se
da en cinco puentes romanos de Hispania: en el Ponte do Arquinho
en Valpaços (Portugal), en las alcantarillas de San Lourenço (Chaves),
San Ciprián
y San García (Burgos)
y en el Ponte Freixo (Ourense).

Hay otros puentes que, en un principio, nos plantean su romanidad por
la presencia de algunas de las características más significativas, como
es el almohadillado. Ya lo hemos comentado, su existencia no es señal
inequívoca de ser obra romana pero reconocemos que su existencia llama
la atención desde el primer momento y predispone al otorgamiento de tal
filiación. No obstante, debe proseguir la observación de la fábrica para
detectar la presencia de otros elementos característicos con la finalidad
de obtener un resultado en el proceso de identificación. En esa línea
actuamos para tratar de identificar los restos de un antiguo puente en
el río Ponsul en el distrito de Castelo Branco en la Beira
Sur portuguesa, constituidos por varias hiladas de sillares almohadillados.

Dado que esta antigua obra de paso se halla en la línea Conimbriga-puente
de Segura-puente de Alcántara de una posible vía romana y que la sillería
presentaba un fuerte desgaste, la primera consideración que tuvimos es
que se trataba de los restos de un auténtico puente romano. Sin embargo
al observar la forma almendrada de la planta de tajamares y espolones
sin precedentes en ningún puente romano (aparecen en algunos puentes tardomedievales
y son muy frecuentes en obras de los siglos XVII y XVIII) hemos rechazado
nuestra primera hipótesis.
Otro caso parecido nos ha pasado con el puente de Fortanete en Teruel, pues a pesar de que posee un arco rebajado con forma y dimensiones "muy
romanas", ya que la luz alcanza los 10,40 m (35 pies romanos) igual
a la de otros puentes como el de Sant Chamas en el cantón de Istres (Francia),
Baños de Molgas y A Cigarrosa en Ourense, y las del puente romano de Lugo,
el ancho de 3,60 m de anchura que vienen siendo 20 pies también presente
en algunos puentes romanos (Ponte Freixo, Villa del Río, Salamanca y Mérida)
y el ángulo de rebajamiento (abertura) de 123º es igual a la del puente
de Alconetar. Sin embargo a pesar de todas estas coincidencias no nos
parece un puente romano por la viveza de las aristas del almohadillado
(signo de modernidad), por la estrechez de la calzada y por las roscas
muy irregulares de las boquillas.

Más intrigados nos tienen dos puentes de la antigua Gallaecia,
en territorio actualmente de Portugal. Se trata del Ponte do Arco da Geia, sobre el río Labruja, afluente por la derecha del río Limia en el cual
desemboca muy cerca del puente romano de Ponte de Lima, y Ponte do Arco
sobre el río Vizela, en el municipio de Felgueiras en el distrito
de Porto.

En primer puente tiene un único arco de dovelaje uniforme de 0,60 m
de altura o espesor con algunas piezas almohadilladas desgastadas, de
4,00 m de anchura y de 10,70 m de luz (¿36 pies romanos?), con aspecto
desgastado y sin marcas medievales. El segundo puente tiene dos bóvedas
claramente una, la principal, más antigua que la otra. La primera tiene
12,60 m de luz ( ¿42 pies?) y también 4,00 m de ancho (¿13,50 pies?),
las boquillas con algunas dovelas almohadilladas bastante desgastadas
y muy uniformes de 0,70 m de altura. Tampoco se han visto marcas medievales
de cantero en parte alguna de este puente. Ambos se hallan en zonas muy
romanizadas, pues dos mansiones citadas en el Itinerario de Antonino,
Limia, generalmente aceptada su situación en la ciudad portuguesa
de Ponte de Lima, como Salacia (¿Felgueiras?) están respectivamente
muy cerca de estos dos puentes y con mucha posibilidad en una vía de aquella
época. Ambas bóvedas tienen un gran parecido formal confirmado por el
levantamiento topográfico realizado de sus intradós prácticamente coincidentes
en su parte central (3,50 m a ambos lados de la clave), y constructivo
con la misma relación espesor rosca/luz de bóveda, 1/17,8 y 1/18 respectivamente
y un almohadillado idéntico en las boquillas (también igual al de
los arcos del tramo romano del puente de Ponte de Lima). Están catalogados
como romanos en una reciente publicación sobre los puentes romanos de
Portugal (4). Después de todo lo dicho, creemos que se trata de puentes
reconstruidos con aprovechamiento de algunos materiales (dovelas almohadilladas)
de los puentes romanos anteriores y que en el caso del Ponte do Arco le
añadieron otra bóveda más pequeña de 4,50 m de luz, dejando en medio una
pila de 3,60 m a la que se le añadió un tajamar apuntado.
Finalmente nos hemos encontrado con otros puentes antiguos, ubicados
en posibles alineaciones viarias romanas o en las cercanías de antiguos
núcleos de población de aquella época, donde en la tipología y en algún
detalle constructivo reconocemos algún modelo de puente romano e incluso
restos de uno anterior de esa época. Un ejemplo del primer caso es el
Pontarrón de Los Garabíos, cercano a Valencia de Alcántara (Cáceres), en el cual apreciamos
algunas características constructivas como que el cuerpo principal, formado
por dos bóvedas iguales, tiene la plataforma horizontal con los accesos
en ligera rampa, que se ven algunos sillares almohadillados reaprovechados
en su fábrica, que tiene un ancho de bóvedas apreciable (4,48 m) que nos
hacen pensar de que puede tratarse de un puente de tradición romana reconstruido
bajo los auspicios de la Orden de Alcántara cuya cruz simbólica está grabada
en un estribo, en el lugar donde pudo haber otro anterior, que además
podría estar en la alineación de una vía que unía la lusitana Valentia
de la epigrafía y los textos clásicos con el puente de Alcántara.

Otro ejemplo de puente de tradición constructiva romana con bóvedas de
ladrillo, una de ellas quizá original, es el llamado puente Viejo de Campofrío
sobre el río Odiel cerca de Aracena. No sólo pudo estar en una
antigua vía romana entre las poblaciones romanas de Urion y Arucci,
sino que desde el punto de vista constructivo el arco menor - el mayor
es claramente moderno - es muy similar a la bóveda de la llamada Alcantarilla
Romana de Mérida, realizado con un ladrillo de 1x0,5 pies, con la rosca
de la bóveda de dos espesores diferentes, el mayor de 2,5 pies en el tercio
central y menor de 2,00 pies en ambos extremos o arranques.

La luz de 4,88 m es una medida muy presente en otros puentes romanos
(alcantarillas en Cerezo de Ríotirón llamadas de San García y de San Ciprián,
puente Romano de Lugo, Caparra y posiblemente en el puente del Diablo
en Martorell). El ancho de las bóvedas es de 5,80 m que también es una
medida "muy romana" (casi 20 pies). Del arco mayor, aunque su
fábrica nos parece moderna, destacamos que su luz de 9,75 es exactamente
el doble del arco menor (relación 1:2). Esta relación proporcional tal
al gusto romano, las características mencionadas y la rasante horizontal
del cuerpo de arcadas con los accesos con una pendiente pequeña, nos permite
conjeturar que se trata de un puente con un arco original y una clara
tipología del puente reconstruido de puente de época romana.
Epílogo
Como vemos la identificación de muchos puentes antiguos como romanos
entraña serias dificultades que impiden dar con rotundidad la onomástica
de romano a algunos de ellos. Nos parece posible que en los territorios
de la antigua Hispania aparezcan más puentes romanos, quizá de
tamaño pequeño o medio, pues el tamaño de la red viaria romana era grande
así como densa la red fluvial sobre todo de algunas zonas del oeste y
norte peninsular. De momento sólo treinta y seis puentes (36) tienen,
según nuestra opinión, confirmada su romanidad, por lo que para incrementar
este número habrá que estudiar los puentes conservados analizando con
rigor sus fábricas, realizando nuevos estudios estilísticos de la construcción
romana, campañas arqueológicas en las propias obras y en su entorno, así
como estudios históricos y territoriales de la red viaria romana, con
criterios más amplios que afortunadamente ya comienzan a realizarse en
algunas vías de Hispania, donde los trazados ingenieriles, cartográficos
y topográficos deben tener un amplio peso a la hora de restituir los ejes
viarios antiguos. Solamente así se podrán superar las limitaciones que
actualmente se tiene para identificar los puentes romanos y no digamos
para datarlos en una tramo temporal más concreto.
[1] Durán Fuentes, M.: Tesis
doctoral "La construcción de puentes en la antigua Gallaecia romana".
Universidad de A Coruña, 2001. Inédita.
[2] Durán Fuentes, M.:
"Aportación al estudio de los puentes romanos peninsulares: análisis de la
capacidad de desagüe de varios puentes de Gallaecia". Actas del III
Congreso Nacional de Historia de la Construcción. Sevilla, 2000.
[3] Durán Fuentes, M.:
"Puentes romanos peninsulares: Tipología y construcción". Actas del l
Congreso Nacional de Historia de la Construcción. Madrid, 1996.
[4] Mendes Pinto, P.: "Pontes
Romanas de Portugal".Associaçao Juventude e Patrimonio.Lisboa,1998.
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