
La Protección del Patrimonio de las obras públicas en Tarragona
TRAIANVS © 2004
Publicado en:
Elementos de Ingeniería Romana
Libro de ponencias
Congreso Europeo "Las Obras Públicas Romanas"
Tarragona, noviembre de 2004
La protección del patrimonio histórico artístico, en su sentido más amplio,
fue lo que motivo en los años setenta, la creación de un organismo internacional
como es el Centro del Patrimonio Mundial, dependiente de UNESCO, que garantizara
la conservación y la salvaguarda, de aquellos bienes que precisamente
por sus cualidades, de autenticidad y de excepcionalidad, debieran ser
protegidos del tiempo y de los vaivenes de la historia, para servir de
legado a aquellas generaciones que nos vengan a suceder.
Precisamente, esta voluntad de proteger el patrimonio romano de Tarragona,
fue lo que motivó, que en el año 1993, se empezara a gestar la voluntad
municipal de iniciar la tramitación de una candidatura a la nominación
de dichos bienes como Patrimonio Mundial, nominación, que culminó con
la Declaración del “Conjunto Arqueológico de Tarraco" el
día 30 de Noviembre de 2000 y su consiguiente inclusión en la Lista de
Bienes Declarados Patrimonio Mundial.
Con anterioridad a la Declaración, ya existía para algunos de los bienes,
un marco legar previo, que era la declaración de 1966 como Conjunto Histórico-Artístico,
y el Plan General de 1973 que contemplaba dicha declaración, aunque debemos
señalar, que ya anteriormente, la mayor parte de los monumentos de Tarragona,
conocidos en aquellos momentos, habían sido objeto de declaraciones individuales
como monumento o bien como zona arqueológica.
Es importante señalar, que toda declaración que es impulsada y avalada
por los titulares o gestores de los bienes a declarar, supone en si misma,
una clara voluntad de los mismos, de proteger los bienes objeto de declaración,
más allá de los responsables que existan en el momento en que se gestiona
o se obtiene la Declaración, supone asimismo una voluntad de que dichos
bienes, queden salvaguardados, por encima de los responsables políticos
y de los gobiernos que puedan sucederse, y por ello implica en definitiva,
una decisión de autolimitarse en la gestión de dichos bienes y de su entorno
de protección, renunciando a potestades que podrían ser ejercitadas en
caso de no existir la Declaración, y que quedan supeditadas a un interés
mayor, como es la preservación de nuestro legado histórico-artístico,
o bien nuestro legado natural, o incluso (desde el año 2000) nuestro legado
inmaterial. Y ello, debido, a que la declaración de un bien, no supone
sólo la protección de dicho bien en sentido estricto, sino que se extiende
a todo su entorno como ámbito de protección del propio bien, se extiende
a su perímetro, al impacto visual, al impacto ambiental, y en definitiva
a todo aquello que pueda perturbar, la existencia del bien tal como lo
conocemos, o incluso el disfrute del mismo en su estado actual, impulsando
paralelamente, la protección y el disfrute de dicho bien en su estado
más optimo, cuando ello sea posible.
En el caso de Tarragona, la Declaración como Patrimonio Mundial, del
“Conjunto Arqueológico de Tarraco", abarca un total de catorce
monumentos de los cuales siete son gestionados por el Ayuntamiento de
Tarragona, y los siete restantes por diversas Entidades y Administraciones.
Concretamente los bienes municipales o gestionados por el Ayuntamiento,
son: el Foro Provincial, el Foro de la Colonia, las Murallas, el Circo,
el Anfiteatro, el acueducto de "Les Ferreres" y la Cantera de "El Medol";
mientras que los restantes bienes declarados, son el Recinto de Culto
del Foro Provincial, la Torre de los Escipiones, el Teatro, la Necrópolis
Paleocristiana, el Arco de Bará (Roda de Bará), la Villa de "Els Munts"
(Altafulla) y el Mausoleo de Centcelles (Constantí).

Como puede observarse, la mayor parte de los bienes que integran el “Conjunto
Arqueológico de Tarraco" son obras públicas, y en el caso de los
bienes declarados, que se hallan bajo titularidad o gestión municipal,
todos ellos pueden clasificarse como tales, ya que responden a las distintas
fortificaciones, infraestructuras, equipamientos administrativos y edificios
monumentales de espectáculos, que se repartían por la trama urbana de
la antigua Tarraco.
Para el Ayuntamiento de Tarragona, la Declaración de dichos bienes y
del “Conjunto Arqueológico de Tarraco" en su totalidad, lejos
de suponer el final del largo y tortuoso camino, que la ciudad de Tarragona
tuvo que recorrer hasta ver cumplido su deseo de obtener la tan preciada
Declaración, supuso el principio de un aun más largo camino encaminado
a la protección de la totalidad de los bienes declarados, entendiendo
el término protección en su sentido más amplio. Protección supone conocimiento,
respeto, inversión, dotación presupuestaria, intervención conciente y
respetuosa en los bienes, conservación, mejora del entorno, adecuación
de los accesos, señalización, musealización de los distintos espacios,
y tantas cosas más. Por ello, la intervención en aquellos bienes que integran
un patrimonio histórico-artístico, que ha sido objeto de una Declaración
como Patrimonio Mundial, para que puedan considerarse dichos bienes debidamente
protegidos, se extiende con máxima intensidad a lo largo de los diez años
siguientes a la propia Declaración, momento en el cual se inicia una labor
de constante conservación y actualización de los recintos, para mantener
la adecuada protección de los mismos en un estado óptimo para su visita
y comprensión.
Puede parecer ciertamente extraño, que digamos que la protección de nuestro
patrimonio histórico-artístico, empieza por un adecuado conocimiento y
respeto del mismo, pero ciertamente es así. Difícilmente una ciudad puede
proteger su patrimonio, cuando lo desconoce, y lo que es más común, cuando
desconoce su auténtico valor. Toda Declaración de Patrimonio Mundial,
supone una gran ayuda al respecto, ya que en primer lugar supone una implicación
de la propia ciudad durante la tramitación de la candidatura, y una vez
obtenida la Declaración, es el espaldarazo definitivo para concienciar
a los habitantes de una ciudad, de que aquellos bienes que les son tan
cercanos, por próximos y familiares, y al lado de los cuales han crecido
ellos y cientos de generaciones que les han precedido, son excepcionales
no sólo por que ellos lo piensen, sino por que lo avala la declaración
de un organismo internacional como es el Centro del Patrimonio Mundial,
y en definitiva la propia UNESCO. Recuerdo en tal sentido, como el día
en que se obtuvo la Declaración de Tarraco, los tarraconenses se
felicitaban entre sí al encontrarse por la calle, y sus amigos y familiares
de otras ciudades, ya fueran estas cercanas o distantes, llamaban para
felicitarles por el éxito obtenido.

Sin duda, el conocimiento lleva al respeto, y hace que podamos sentirnos
orgullosos del patrimonio que nos dejaron nuestros antepasados. Así el
conocer nuestro pasado, y el de nuestra ciudad, nos suele convertir en
guías ocasionales y en defensores apasionados de aquellos bienes, delante
de los cuales tantas y tantas veces pasamos con total indiferencia. El
conocimiento conlleva también, que en ciudades como Tarragona, en las
que los vestigios de nuestro pasado nos asaltan a cada nueva construcción,
e incluso ante la más mínima intervención en el subsuelo de cualquier
lugar del término municipal, la aparición de dichos restos arqueológicos,
lejos de suponer como sucedía con anterioridad a la Declaración, una molestia
para el ciudadano, que veía en ellos simplemente “piedras”
que causaban un retraso en todas las obras, han hecho que la implicación
ciudadana sea de tal magnitud, que la ciudad entera, se haya convertido
en un auténtico grupo de presión para la protección y preservación de
los restos arqueológicos, siempre vigilantes ante aquellas construcciones
que se hacen, por si en las mismas aparecen nuevos vestigios como consecuencia
del control arqueológico al que está sometido todo el subsuelo del término
municipal de Tarragona.
Pero este conocimiento que lleva al respeto y a la interés por la protección
de nuestro patrimonio histórico-artístico, es un camino lento, aunque
muy agradecido, las continuas visitas guiadas a los bienes monumentales
de la ciudad, especialmente a la Tarraco Romana, pero también a
la Medieval, a la Moderna, a la Contemporánea, a los edificios Modernistas
o a nuestra entrañable Rambla Nova, que este año cumple su 150 Aniversario,
hacen que el ciudadano de Tarragona o el visitante, conozcan, entiendan,
aprecien y valoren lo que ven, así como el esfuerzo que se hace en la
protección del patrimonio, pero paralelamente, ante la importancia de
los vestigios de nuestro pasado, suelen reclamar mucha más protección,
lo cual es algo positivo, ya que los ciudadanos deben exigir siempre lo
mejor para su ciudad.
Paralelamente a ese conocimiento y respeto, la protección de nuestro
patrimonio se basa en la constante inversión en cada uno de los bienes
a preservar, inversión afianzada en una adecuada dotación presupuestaria
para cada uno de ellos, y en una planificación en muchos casos plurianual,
debido a la magnitud de las inversiones a realizar. De igual modo las
intervenciones en el patrimonio histórico-artístico de nuestras ciudades
deben ser en todo momento concientes y respetuosas del valor de los bienes
en los que se interviene, dejando los profesionales, que sus intervenciones,
lejos de ansias de protagonismo y de divismo profesional, no distorsionen
los bienes originales, sino que se integren en los mismos, potenciando
su comprensión y el sentido didáctico y pedagógico de las intervenciones
realizadas en dichos bienes.

En el caso de Tarragona, y respecto a las inversiones y a la planificación
de las intervenciones a realizar, también ha existido un antes y un después
de la inclusión del “Conjunto Arqueológico de Tarraco" en
la Lista del Patrimonio Mundial. Respecto a los Presupuestos Municipales,
estos se han visto incrementados desde el año 2000 al 2004, en porcentajes
que cada año han oscilado entre el 20% y el 30% respecto a los presupuestos
del año anterior, ya que precisamente por ser la mayor parte de los bienes
Declarados, titularidad o responsabilidad del propio Ayuntamiento, este
ha sido el que desde el momento inicial, primero ha apostado por el patrimonio
de la ciudad, impulsando su inclusión en la Lista de Bienes Declarados
Patrimonio Mundial, y posteriormente otorgando a la Concejalía de Patrimonio,
las dotaciones presupuestarias necesarias, para realizar las inversiones
precisas, para la protección del patrimonio histórico-artístico de la
ciudad.
Las intervenciones en los distintos Bienes Declarados, con cargo a las
arcas municipales, han supuesto la asunción del pago de la integridad
de las obras de la 1ª Fase de Remodelación del Anfiteatro, con un coste
de 900.000 euros, y la previsión del pago de un tercio de las obras de
la 2ª Fase del Anfiteatro, con un coste de 300.000 euros, siendo asumidos
los restantes 300.000 euros, por los presupuestos de la Generalitat de
Cataluña, quedando pendiente, la redacción del proyecto y adjudicación
de las obras de la 3ª Fase i última de las intervenciones proyectadas
en el Anfiteatro.

La inversión en las Murallas que se ha llevado a término durante los
últimos años, se ha efectuado con cargo a las partidas municipales respecto
al 50% y respecto a la mitad restante con las subvenciones del 1% cultural
de la Generalitat de Catalunya, con intervenciones en diversos tramos
como el Paso de Ronda en el sector del Paseo Arqueológico-Portal del Roser,
y los lienzos de la Muralla del Paseo de San Antonio.

En la actualidad está prevista la intervención de consolidación en el
Portal del Roser, y en el trienio 2005-07, la recuperación del Paso de
Ronda en su tramo del Paseo Torroja-Antiguo Matadero, actual Rectorado
de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona.
De igual modo, como la protección también incluye la adecuada señalización
de los espacios, en el mes de Noviembre de 2003, se instaló en el Cuerpo
de Guardia de la Muralla de los Ingleses o “Falsa Braga” la
exposición permanente dedicada a las fortificaciones, estando en fase
de instalación la señalización de cada uno de los elementos que integran
la Muralla Romana y la Muralla de los Ingleses, en el tramo del Paseo
Arqueológico de Tarragona.
En el caso del Circo, junto con el Pretorio que forma parte del Foro
Provincial de Tarraco, al ser el monumento que en los últimos años
se convirtió en el buque insignia del patrimonio romano de Tarragona,
ha sido también el espacio en el que se ha ido invirtiendo de forma interrumpida
durante los últimos quince años, siendo el primer espacio que se señalizó,
y también el primero en el que se llevó a cabo la adecuación de los accesos
y la supresión de las barreras arquitectónicas.

Como consecuencia de todo ello, en el año 2003, el proyecto de recuperación
y protección global del Circo Romano de Tarraco, obtuvo el premio
de las Ciudades Patrimonio de la Humanidad, concedido por el Ministerio
de Cultura, con un montante de 15.000 euros, premio que valoraba el escuerzo
de recuperación que supone la adquisición, permuta o expropiación de un
total de 3.100 m2 de solares urbanos, por parte del Ayuntamiento, cuya
liberación ha permitido la visualización de la Cabecera del Circo y de
una importante parte de las gradas y de las bóvedas de sustentación de
las mismas.
En relación al Foro Provincial, los Proyectos y la dotación presupuestaria
existente, supondrán la recuperación de la Torre Sefus, y de la llamada
“Casa de l’Agapito”, que implicará la integración en
la ciudad de parte del Foro Provincial, desde la Plaza del Pallol, al
Arco de Toda, y desde la Bajada del Roser a la Calle Caballeros. Excavaciones,
y labores de recuperación planificadas en base a un plurianual que abarca
los ejercicios del 2004-2007, con un montante global superior a los 3.000.000
euros.
El último de los espacios en el que se ha empezado a intervenir mediante
la inversión municipal, y de otras Administraciones, es el Foro de la
Colonia, en el cual a través de la aportación con cargo al Ministerio
de Ciencia y Nuevas Tecnologías, en el año 2003, se obtuvo un Proyecto
bianual, que suponía la intervención durante dos campañas de excavación,
a realizar en los años 2003-04, para recuperar y conocer más, la magnitud
del Foro de la Colonia de Tarraco, de su Basílica Jurídica, del
antiguo Templo dedicado a Augusto, y de otros templos, cuya aparición
ha supuesto una nueva concepción de las dimensiones de este complejo foral,
y de su integración en el conjunto monumental del Teatro y de las Termas
existentes en la calle San Miquel.

Dichos descubrimientos que conllevarán una planificación de las excavaciones
en extensión a realizar en el recinto del Foro, excavaciones que al menos
en un primer momento se efectuarán con cargo a los Presupuestos Municipales,
a fin de recuperar un espacio monumental, que tradicionalmente siempre
ha quedado fuera, del recorrido o circuito turístico de la Parte Alta
de la ciudad, permitiendo una correcta señalización del espacio en su
totalidad, en base a los nuevos descubrimientos.
Este sector, permitirá paralelamente integrar, este complejo con otra
de las importantes obras públicas de la Tarraco Romana, que es
precisamente el cubiculus, cuya excavación se está llevando a cabo
en la actualidad, con cargo a los Presupuestos del Ayuntamiento, a fin
de buscar su conexión con la zona del Teatro en la parte baja de la ciudad.
De igual modo la intervención prevista en la más emblemática de las obras
públicas romanas, que nos han llegado a nuestros días, es el Proyecto
de Restauración del Acueducto de Les Ferreres, con un montante total de
6.000.000 euros, proyecto cofinanciado al 50%, entre el Ayuntamiento de
Tarragona y el Ministerio de Fomento, correspondiendo los 3.000.000 euros
del Ministerio, a los Presupuestos del 1% Cultural del Estado.

Dicha intervención, supone la mayor inversión realizada por una Administración
no municipal en el patrimonio histórico-artístico de Tarragona. Se trata
de un plurianual que abarca del 2004-2007, y en el que el Ministerio realiza
la inversión en el acueducto, y el Ayuntamiento invierte los restantes
3.000.000 euros, en el entorno del monumento, es decir en la finca del
propio acueducto. Con cargo a la inversión municipal, se han recuperado
ya con la Escuela Taller del Puente del Diablo, los Jardines Románticos
de la finca de los Hermanos Puig i Valls, se han recuperado un total de
quince canteras romanas y un horno de cal desconocido hasta este momento,
y se ha dignificado el entorno del acueducto, con la instalación de mobiliario
urbano y el traslado y restauración de la puerta monumental de acceso
a la finca. En el mismo espacio, merced al patrocinio de Fomento, se ha
adecuado el acceso a la finca del Acueducto, con los carriles de aceleración
y desaceleración y la pavimentación de la zona de aparcamiento.
De igual modo y gracias al patrocinio de la Fundación Abertis, se ha
restaurado el antiguo edificio de la Caseta del Guarda de la finca, donde
se instalará el centro de recepción e información de los visitantes.
Finalmente y debido al patrocinio de la empresa REPSOL se ha sufragado
el proyecto y la dirección de las obras, de la intervención en el propio
Acueducto. Todos estos patrocinios han supuesto una inversión global de
más de 360.000 euros.
Pero la protección de nuestro patrimonio, no puede llevarnos, a convertir
nuestros edificios, calles y plazas y en especial los bienes Declarados
Patrimonio Mundial, en una pieza de museo que debemos tener en una urna,
todo lo contrario, nuestro patrimonio debe estar vivo, y su protección
especialmente en el ámbito municipal, no está reñida con la utilización
de los espacios, con la búsqueda de nuevos lugares, rincones entrañables
y maravillosos, donde hacer conciertos, representaciones, teatralizaciones,
presentaciones de libros, etc. En definitiva, cuanto más estemos en contacto
con nuestro patrimonio histórico-artístico, naturalmente siempre respetando
los aforos, y la capacidad que en cada momento tengan los bienes que integran
nuestro legado patrimonial, así como evitando cualquier deterioro del
mismo, precisamente por ese contacto del día a día, iremos descubriendo
nuevas posibilidades, nuevos rincones, nuevos motivos para sentirnos orgullosos,
y seguir impulsando su constante protección.
Por todo ello, aquellas obras y edificios públicos, que fueron esenciales
en la Tarraco Romana, así como en épocas posteriores, en los que
discurrió la vida y que sirvieron para articular el progreso de la gran
ciudad que fue capital de la Provincia de la Hispania Citerior, deben
seguir desempeñando la función para la que fueron concebidos, deben seguir
desarrollando su papel de edificios públicos, de grandes obras arquitectónicas
y de ingeniería, que nuestros antepasados supieron crear para mejorar
y modernizar la vida de la ciudad, para albergar la administración y el
Derecho o para divertir a los habitantes de aquellas épocas; en cualquier
caso construcciones levantadas para y por la ciudad y sus habitantes,
que aun hoy siguen sorprendiéndonos por su magnitud y excepcionalidad.
Sólo desde esta visión lograremos que la protección de nuestro patrimonio,
sirva para dinamizar nuestras ciudades, en el caso contrario, por mucha
protección que llevemos a cabo de nuestro patrimonio, la desertización
de los barrios antiguos de nuestras ciudades, acabarán conllevando el
abandono de estas zonas y el lento pero progresivo abandono de aquellos
bienes que tanto nos ha costado proteger y preservar, y habremos logrado
el efecto contrario al que pretendíamos.
Por ello la solución no es sacralizar nuestro patrimonio histórico-artístico,
convirtiéndolo en algo tan inalcanzable y ajeno a nosotros como una pieza
de museo, el camino es conjugar la protección, con el respeto que conlleva
el conocimiento del valor de nuestro patrimonio histórico-artístico, pero
integrándolo en la vida de nuestras ciudades como un elemento más de dinamización
ciudadana, para que las generaciones que nos sucedan, nunca se sientan
indiferentes, al pasar por delante de estos bienes patrimoniales, que
nosotros debemos proteger y respetar, para legárselos en mejores condiciones
que las que nosotros los recibimos de manos de los que nos precedieron.

|